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Podemos enseñar autocontrol a nuestros hijos?

Podemos enseñar autocontrol a nuestros hijos?

¿Recuerdan el experimento de las golosinas?

En una investigación que se ha extendido más de treinta años, los psicólogos mantuvieron el contacto con los niños que participaron en el mencionado experimento y fueron evaluando sus características psicológicas según desarrollaban sus vidas, desde los 5 a los 40 años.

Los resultados fueron más que sorprendentes: los participantes que lograron esperar más tiempo para obtener la recompensa mayor en el experimento en su niñez, eran también los que tuvieron más éxito y bienestar en la etapa adulta, entendido como mayores rentas, más volumen de ahorros y mayor salud física y mental, comparado con los participantes que no lograban resistir la tentación. Dichos resultados positivos se explicaron parcialmente por haber tomado mejores decisiones en la adolescencia, como por ejemplo permanecer en la escuela, no fumar o evitar convertirse en padres adolescentes.

De manera clave, estos resultados muestran que conociendo el nivel de autocontrol de los niños, podemos realizar estimaciones sobre su éxito en la vida, casi con la misma precisión que si tomásemos como medida su nivel intelectual o su estatus socioeconómico. 

Por lo tanto, la siguiente pregunta resulta casi evidente: ¿podemos enseñar autocontrol a nuestros hijos?

Pese a que la respuesta a esta pregunta es aún un importante reto para la investigación psicológica en la actualidad, en las siguientes entradas de nuestro blog iremos ofreciendo algunas indicaciones encaminadas a esta meta. En primer lugar se ofrecerán algunas definiciones que necesitaremos manejar para comprender los siguientes consejos. Concretamente, éstos se agruparán en cinco grandes temas:

  • Selección de la situación
  • Modificación de la situación
  • Despliegue atencional
  • Cambio cognitivo
  • Modulación de la respuesta

 

Definiciones útiles

  • Autocontrol-> para nuestros propósitos, el autocontrol puede ser entendido como la regulación voluntaria de los impulsos atencionales, emocionales y conductuales que emergen cuando nos enfrentamos a tentaciones inmediatas que entran en conflicto con metas más importantes y duraderas a largo plazo.

 

  • Modelo de regulación emocional-> siguiendo el presente ejemplo, identificaremos las diferentes etapas que resultan claves a la hora de comprender cómo nuestros niños reaccionan ante determinadas situaciones: Imaginemos que nuestro hijo entra a una clase ruidosa y algo caótica (etapa 1: ¿cómo es la situación?). Tras entrar, presta atención a ciertas características particulares de esta situación (etapa 2: ¿a qué prestamos atención?). Pese a que podría dirigir su atención al color de las paredes, o a la temperatura de la habitación, nuestro hijo se percata de que sus amigos se encuentran charlando en una esquina de la clase. Tras focalizar su atención en esta característica de la situación, nuestro hijo podría interpretar esta situación como una buena oportunidad para averiguar qué sucedió en la fiesta de ayer a la que no pudo asistir (etapa 3: ¿cómo interpreto la situación?). Toda esta concatenación de etapas conduciría a la generación de una tendencia de respuesta o impulso (etapa 4), que podría ser acercarse al grupo de amigos para unirse a la conversación.

De manera muy importante, esta cadena de acontecimientos mentales debería ejecutarse de manera repetida para que finalmente diera lugar a la respuesta. De igual manera, nuestro cerebro tiene la capacidad de procesar información en paralelo, por lo que muy frecuentemente podrían activarse varios tipos de bucles situación-atención-interpretación-respuesta simultáneamente. Con todo, la secuencia que más se activase es la que finalmente se acabaría llevando a cabo.

Por todo ello, nuestro objetivo a la hora de educar a nuestros hijos debe ser el de potenciar impulsos que respalden sus metas a largo plazo y atenuar aquellos que entren en conflicto con estas metas. Dicho en otras palabras, lo que pretenderíamos sería sintonizar intencionalmente sus tendencias de respuesta fortaleciendo los impulsos deseados y debilitando los indeseados.

Conviene tener muy en cuenta que cuando antes intervengamos en esta secuencia de etapas, más eficientes serán nuestros resultados. 

 

Alberto Sanchez

Graduado en Psicología. Master en Neurociencia.

alberto@juguetesmadrid.com